Una aurora, una promesa...

"Sin duda, escribir es renunciar a tomarse de la mano o a llamarse por nombres propios, y a la vez, no es renunciar sino anunciar lo ausente acogiéndolo sin reconocerlo -o bien, mediante las palabras en sus ausencias, estar relacionado con lo no recordable, testigo de lo no probado, respondiendo no sólo al vacío en el sujeto, sino al sujeto como vacío, su desaparición en la inminencia de una muerte que ya tuvo lugar fuera de todo lugar."

La escritura del desastre, Maurice Blanchot.

domingo 7 de febrero de 2010

El repetitivo problema del cine y la filosofía

Varias son las conecciones que muchos filósofos contemporáneos encuentran entre el cine y la filosofía, creo que eso nadie puede llegar a dudarlo. Desde Deleuze y su lectura del cine y Bergson (con el concepto de Imagen-Tiempo y demás), muchos han sido los que encuentran en el cine una forma de entender ciertos planteos filosóficos, casi como si fuera una forma parabólica de ingresar a problemas conceptuales (Deleuze consideraba que la filosofía era el problema de algunos conceptos, lo cual es una forma absolutamente coherente de entender un pensamiento que, junto con el de Guattari, produjo textos como ¿Qué es la filosofía?).

Ahora bien, el problema de conectar campos como el de la filosofía y el cine obliga a reviar el tipo de conexión específica que se propone: ¿Podemos pensarlo en el sentido de una representación (el cine representa problemas de la filosofía)? ¿Se tiene que pensar, tal como lo hizo Deleuze y Guattari con su concepto de rizoma, como una expresión? ¿O es la filosofía, en tanto saber que se plantea distanciado de una praxis (lo cual tiene que ser revisado en cada planteo filosófico), una forma de plantear mediaciones par aun problema expresado en el cine en tanto práctica objetiva (que objetiva un problema, una percepción, un pensamiento, un sentimiento de época)?

Shklovski, en ese genial libro llamado Eisenstein, revisa precisamente la construcción del cine como arte a partir de esta biografía particular al mismo tiempo que propone conceptos para pensar todo el arte desde la última de sus expresiones más efectivas (la historieta, si se revisa muy bien y tal como lo propone Scott McCloud, se habría construído como un género efectivo entre el siglo XIX y el XX, casi como el cine, sólo que la historieta como práctica no institucionalizada ya se encontraría en las pinturas rupestres de los primeros hombres: ¿Podría decirse lo mismo del cine en tanto proyección de imágenes? Habría que revisar este problema). Yendo efectivamente al campo de la filosofía, tendríamos que revisar los aportes de Slavoj Zizek o, en el ambiente nacional, de algunos otros filósofos (estaba tentado de escribir José Pablo Feinmann, pero hay muchos puntos que discutir con respecto a su trabajo de divulgación de la fiolosofía y el problema de cómo esa divulgación encierra una estrategia que salva o entierra pensadores... Para decirlo rápidamente, no estoy de acuerdo con José Pablo Feinmann).



Ahora, para pensar dos problemas específicos, dos escenas de dos películas. La primera, una escena de El resplandor (1980), en donde la conexión con lo que se plantea en el ciclo Capitalismo y esquizofrenia de Deleuze y Guattari, sobre todo en el tomo conocido con el nombre de El Antiedipo (1972), es, como mínimo, ilustrativa. No estamos diciendo que haya habido una lectura efectiva de Kubrick de la obra de estos muchachos franceses, pero sí que se puede establecer una perfecta conexión entre un medio y el otro, entre una expresión y la otra. La escena en cuestión es la famosa escena del bat, en donde el personaje de Jack increpa a su esposa para que le entregue el bate de beisbol mientras comienza lentamente a amenzarla y a mostrarle un costado oscuro, a mostrase como alguien afectado que está dispuesto a matarla. En el diálogo, revla ciertas cuestiones escenciales para entender lo que tendría que ser un pensamienzo esquizoanalítico: el triángulo edípico (papá-mamá-hijo) separado del resto de la sociedad en esta casa en el medio de una tormenta de nieve, continua el vínculo social a partir de esta explosión de la paranoia productora del complejo de Edipo (en palabras de Lévi-Strauss , el elemento fundante de cualquier sociedad): no es que el hijo le tema al padre y se sienta tarído por la madre, sino que es el padre que se encuentra celoso del hijo y lo acusa de querer sacarle tanto el poder como el amor de su pareja. El trasfondo del problema es esencialmente soical: el padre-Jack, en esta escena, necesita recalcar que está atosigado de responsabilidades laborales, de obligaciones que parecen que en última instancia han explotado este problema edípico-paranoico. La locura del padre es, entonces, una expresión de la sociedad capitalista y sus instituciones.



Segunda escena para pensar la relación entre cine y filosofía: una de Pulp Fiction (1994) de Quentin Tarantino, quien ya desde el chiste derrideano de la película Inglorious Basterds (2009) y su cambio de una a por una e para hacer un guiño gigantesco a la deconstrucción. En esta secuencia en particular. el personaje de Jules se encuentra sorprendido por lo que entiende como una intervanción divina, y lleva al límite de detener toda una escena, toda una secuencia narrativa prototípicamente de acción, para dilatarla por una duda meramente hermenéutica con respecto al pasaje de Ezequiel 25, 17.

Las relaciones entre el cine y la filosofía son muchas en la medida en que no hay mejor forma de pensar el último siglo sin revisar esta producción medular para este período. Estas dos pequeñas escenas no hacen más que demostrarlo: hay una forma de conectar al cine con el pensamiento teórico-práctico, renovando así el campo de reflexión filosófico. La filosofía se ocupa del cine precisamente porque no hay mejor manera de pensar el pensamiento (redundante, pero no por eso menos cierto) que a partir de revisar esta objetivación, esta forma que se ha encontrado de expresar (no representar, claro) los temas de esa cosa tan escurridiza que se ha llamado "hombre".